Dra. Yarina Méndez


Entre la Dama y el Rey: Sobre el uso Clínico del ajedrez en la Psicoterapia con niños y adolescentes.

~Yarina Méndez, PhD (2015)  


“El tablero es el mundo, las piezas es el fenómeno del universo,

las reglas del juego son lo que llamamos leyes de la naturaleza

y el jugador del lado opuesto, se encuentra oculto a nuestra vista”

(Thomas Huxley, Físico siglo XVIII, Ajedrecista)

Introducción

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que vi a 'Junior', un niño alto de aspecto atlético, vistiendo un uniforme para jugar baloncesto y con un cierto aire de altanería.  Nuestro intercambio inicial fue en la sala de espera de mi oficina. Junior, con 10 años en aquel momento, tenía los brazos cruzados, el rostro enojado y gritaba a su madre que no quería estar allí. Esta lo había traído en contra de su voluntad, inclusive lo amenazó de no llevarlo a su juego de baloncesto si no cooperaba en la cita. "¡Yo no tengo nada que hablar con una psicóloga. Yo no estoy loco!" - gritaba a su madre.

En esa primera visita no ofreció contacto visual y parecía no importarle que yo observaba en silencio la dinámica con su madre quien a su vez le gritaba y decía que estaba cansada y harta de su actitud retante y oposicional. Junior se paró furioso y se dirigió a la puerta para salir de la oficina. Por primera vez hablé pero me dirigí a la madre con voz alta para que Junior me escuchara en la puerta de salida. Con la intención de llamar su atención, le dije a la madre que mi oficina tenía espacios limitados para niños que les agrada venir a jugar y a hablar de lo que les molesta. Le expliqué que yo no lo iba a obligar y que no trabajaría con un niño tan poco cooperador como él. Justo en ese momento Junior me regaló el primer contacto visual. Mirándolo a los ojos, y con mi verdadera intención aún oculta para él, le sugerí que se fuera y que no volviera hasta que él estuviera dispuesto al menos a jugar conmigo en silencio.

Pasadas unas semanas de negociación entre ellos, la madre de Junior lo trajo nuevamente. En esta ocasión, aunque serio y sin ofrecer contacto visual, Junior accedió a entrar a la oficina. Luego de explicarle la estructura de las sesiones y el acuerdo terapéutico le mostré varios juegos para comenzar a trabajar juntos. Los rechazó todos excepto las Briscas (barajas españolas) a las que asintió con la cabeza. Finalmente, sin ofrecer contacto visual y en absoluto silencio, comenzó a jugar conmigo.

Mientras jugábamos observé que agarraba las briscas que él iba ganando con cierta agresividad. Durante el juego, capté que miraba con interés un set de ajedrez de cristal que tenía en el librero. ¿Quieres jugar ajedrez cuando acabemos con las briscas? - le pregunté. "No sé jugar eso. Es un juego para 'toldos'." -contestó con un gesto de rechazo. Después de indagar lo que significaba 'toldos' para él, le expliqué que el hecho de que algunos 'toldos/nerdos' lo jueguen no significa que el ajedrez es solo para ellos. Tomé la iniciativa de bajar el set de ajedrez del librero y le dije: "También lo juegan los que les encanta la guerra y ganarle al enemigo… ¿Crees que te guste un juego así?" Con ojos desafiantes, me ofreció un segundo contacto visual. Entonces añadí - "Creo que el ajedrez y el baloncesto tienen mucho en común. Ya eres un experto en la cancha, quizás te interese serlo también en este tablero. Tercer contacto visual, esta vez con interés.

Le ofrecí enseñarle las reglas del juego sólo si él quería aprenderlas. Junior accedió, eventualmente sucumbió al drama del juego y ahora a sus doce años continuamos jugando ajedrez en sus sesiones. Gracias a este juego y a su rico simbolismo había logrado capturar su interés aquél día y comenzar a escuchar algo de su malestar.

En la página Web de la Federación de ajedrez de Puerto Rico se encuentra esta frase destacada en letras agrandadas: "No es que los inteligentes jueguen ajedrez, es que los que juegan ajedrez desarrollan más su inteligencia.” ¿Qué tiene el juego del ajedrez que su mención tiene efectos intimidantes para algunos mientras que seduce a otros? El simbolismo de este juego ha sido usado extensivamente en la literatura, desde el Sanskrito del siglo VII Vasavadatta a Boccaccio, Rabelais, Cervantes y Lewis Carroll.  La poderosa atracción del ajedrez envuelve elementos que lo elevan sobre la categoría de un simple juego. En un mundo tenso por tanta agresividad, el ajedrez resulta propicio para la sublimación de las 'batallas' de cada cual. (Saidy & Lessing, 1974)

Resulta muy común que al introducirnos al mundo del ajedrez por primera vez, algunos sintamos un 'llamado' a jugar en el tablero un 'no sé qué' intenso, ciertamente agresivo, pasional, profundo, acaparador inclusive. Es una sensación de 'captura' que ha sido descrita por muchos autores, aficionados y ajedrecistas profesionales en toda la literatura acerca del ajedrez. ¿Cuál es el contexto histórico que nutre el interés, la atracción, dedicación y la pasión que muchos sienten por este noble juego milenario? ¿Qué exactamente es el ajedrez y qué elementos lo componen?

El Diccionario del Uso del Español deriva el nombre <ajedrez> del árabe <<sitrany>>, del sánscrito <<chatur-anga>>, que significa 'el de cuatro armas', aludiendo a los componentes del ejército Indo, representado por los peones -infanteria-, los caballos -caballería-, los alfiles -elefantes, de <<fil>> elefante en árabe- y las torres - carros de combate-. Es un juego que se practica entre dos personas, cada una de las cuales maneja dieciséis figuras, sobre un tablero con sesenta y cuatro cuadrados alternativamente blancos y negros, moviendo las figuras y comiendo cada jugador las del contrario según ciertas reglas. (Moliner, 1992)

Podemos categorizar al ajedrez como un juego de estrategia en el que cada movimiento tiene repercusiones sobre la táctica del oponente y sobre el futuro desarrollo de la partida. Su gran interés reside en que en todo momento hay que estudiar cada movimiento en potencia - propio o del oponente- y predecir sus consecuencias. Las reglas del juego no son complicadas, no existen muchas y en su mayoría están relacionadas con la forma en que las piezas se desplazan sobre el tablero y la eliminación de las del contrincante. (Oyupa, 2003)

Aunque mucho se ha estudiado sobre este juego milenario su origen no está muy claro. Juegos antecesores del ajedrez se remontan a los principios de la historia de la civilización en medio-oriente. En excavaciones arqueológicas efectuadas en la región de Mesopotamia se han encontrado objetos que demuestran que un juego similar existía por lo menos 4000 años antes de Cristo. La versión más similar al ajedrez que conocemos hoy tuvo su origen en la India, más concretamente en el Valle del Indo, y data del siglo VI d.C.. Los historiadores reconocen a Susa Ben Dahir el Hindi como su inventor de acuerdo con el siguiente relato (Forbes, 1860):

Estaba enfermo cierto rey de la India y la obsesión de su enfermedad se había apoderado de él. Le prescribieron que tratase de olvidar esa idea por medio de una distracción agradable. Fue con este motivo que Susa Ben Dahir elaboró o inventó el ajedrez. Se lo presentó al rey y éste se puso muy contento y olvidó sus penas…

¿Qué es lo que veladamente se 'juega' cuando se juega ajedrez? Son muchos los afectos que puede provocar en un sujeto - principiante, aficionado o profesional - el ganar o perder una partida de ajedrez. Muchas son las variables psicológicas que llevarían a un sujeto después de su primera partida, a "engancharse" en la trama del juego o a desinteresarse del todo. Para poder comprender el poder seductor o intimidante del ajedrez hay que conocer las reglas del juego y el drama que inevitablemente se desarrolla en su transcurso.

¿Cómo se juega ajedrez?

En un tablero cuadrado compuesto a su vez por 64 cuadrados homogéneos y pequeños que se alternan entre el color blanco y el negro se enfrentan dos ejércitos controlados por dos sujetos, uno sentado frente al otro, contrincantes, oponentes, enemigos, duelo a muerte. Tradicionalmente un ejército es oscuro en color y el otro de un color claro. Cada ejército consta de 16 figuras o fichas: un Rey y su Dama, dos alfiles (elefantes), dos torres (carrocería), dos caballos (caballería) y ocho peones (infantería) cada tipo con reglas específicas de movimiento en el tablero según su rango en el ejército.

Aunque el Rey es la figura protagónica del juego y la más importante, no es la más poderosa. El Rey solo puede moverse o defenderse en cualquier dirección pero solo un espacio a la vez. La Dama, que se coloca en el tablero junto al Rey, es la figura más poderosa del juego. La Dama puede moverse en cualquier dirección (vertical, horizontal o diagonal), y desplazarse sin límites de espacio a menos que encuentre el camino obstaculizado por otra figura, a quien podría capturar en caso de ser del enemigo.

Los dos caballos de cada ejército son los únicos que se mueven en forma de 'L' a través del tablero, movimiento particular que puede resultar en un arma de doble filo para cada jugador. Los dos alfiles se mueven en líneas diagonales a través del tablero, una dirección por turno y solo pueden transitar por la línea diagonal del color que les corresponde desde inicio del juego. Las dos torres se mueven en líneas horizontales y verticales, también una dirección por turno. Tanto los alfiles como las torres pueden desplazarse en sus respectivas movidas sin límite a menos que encuentren a otra figura en su camino, que en el caso de ser del enemigo podrían decidir capturar. Finalmente, los ocho peones en cada ejército se mueven hacia el frente un espacio a la vez, excepto en la primera jugada cuando pueden moverse dos espacios. Para capturar una figura enemiga el peón se mueve un espacio diagonalmente. A diferencia de todas las demás figuras del ejército, el peón jamás puede retroceder pero, si lograse llegar desapercibido a la última fila del reino enemigo, tiene la recompensa de convertirse en cualquier otro tipo de figura. En torneos y entre la mayoría de ajedrecistas profesionales se escoge evolucionar el peón a ‘otra’ Dama.

Como hemos visto, el objetivo del ajedrez es capturar/matar/aniquilar/comer al Rey del ejército opuesto. En el proceso dinámico y pasional del juego se van capturando/matando/comiendo, etc… las figuras del enemigo y sacrificando las propias en pro de un fin mayor: proteger al Rey propio mientras se busca estratégicamente atacar y capturar al Rey enemigo. Cuando en el proceso se pierden las figuras importantes como la Dama o las torres, alfiles o caballos, se sufre la pérdida - a veces con intensidad afectiva- pero se continúa jugando; no se acaba la batalla en ajedrez hasta que uno de los reyes haya sucumbido ante el poder del otro: ¡Jaque Mate! -expresión procedente del persa y árabe, (shâh mâta), que literalmente significa "el rey está atrapado" o "el rey no tiene escapatoria" .


Asuntos clínicos en el uso terapéutico del ajedrez

Las reglas del ajedrez según las conocemos hoy tienen un poco menos de un siglo de existencia y con el transcurso del tiempo pequeñas variaciones geográficas a lo largo de la historia del juego han afectado el nombre -por lo tanto el bagaje simbólico- con que se conocen algunas de sus figuras. Conozco tres variaciones; en el Alfil, en el Caballo y en la Dama. En algunos países europeos con influencia medieval el simbolismo de sus monarcas y cléricos en posiciones de poder también se infiltró en el juego. En Inglatera y otros paises del Reino Unido así como en Estados Unidos se le nombra al alfil como obispo (bishop) y al caballo como Caballero (Knight, con la connotación de caballero medieval). Finalmente, de particular significancia para nuestro trabajo clínico, es la variación que nombra como Reina (Queen) a la figura que nosotros conocemos como la Dama. Simbólicamente, no es lo mismo una ‘Dama’ que una ‘Reina’ y en mi experiencia en el trabajo clínico con niños y adolescentes esta diferencia ha resultado de particular importancia.   


La numerosa literatura sobre el ajedrez destaca que desde sus orígenes este juego ‘Real (de la realeza)’ ha logrado capturar las pasiones de muchos y seducir a otros hasta la locura. Muchos artistas, filósofos, poetas y grandes maestros ajedrecistas han reconocido, le han rendido tributos y han compartido con sus respectivas audiencias palabras que intentan dar cuenta de las profundas dimensiones psíquicas que "se juegan" en el ajedrez. Sin embargo, son escasos los escritos que se acerquen a este juego con una mirada Clínica; mirada que explore este "juego" como el escenario lúdico de intercambios psíquicos que también es.  En 1913, en el texto titulado Sobre la iniciación del tratamiento (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, I), Freud advierte:

“Quien pretenda aprender por los libros el noble juego del ajedrez, pronto advertirá que solo las aperturas y los finales consienten una exposición sistemática y exhaustiva, en tanto que la rehúsa la infinita variedad de las movidas que siguen a las de apertura. Únicamente, el ahincado estudio de partidas en que se midieron grandes maestros puede colmar las lagunas de la enseñanza. A parecidas limitaciones estan sujetas las reglas que uno pueda dar para el ejercicio del tratamiento psicoanalítico.”


Desde mi punto de vista, la práctica Clínica que se orienta desde el Psicoanálisis freudiano y lacaniano y el acto de jugar ajedrez tienen mucho en común. Además de tener aperturas y cierres estructurados, ambos encuentros son intercambios velados entre dos sujetos hablantes, deseantes, pulsantes, sujetos del lenguaje, sujetos del inconsciente enfrentándose en un contexto particular con reglas y estructuras que organizan el espacio y el intercambio.

Con cierta resonancia a la práctica Clínica, cuando se juega un partido de ajedrez, ya sea con un niño, adolescente o un adulto, se requiere del que juega una 'puesta en pausa' durante la cual se espera lo que viene del otro antes de actuar. Sin embargo, hasta ese punto llega la similitud con el ajedrecista. En el uso clínico del juego es precisamente esa 'puesta en pausa' la que separa a un Clínico que juega ajedrez con un paciente de un Ajedrecista que enseña a un estudiante a jugar o que juega para ganar una partida. El Clínico que juega ajedrez con un paciente no juega para ganar la partida; con su hacer o no hacer, con su decir o no decir, con sus actos analíticos -que pueden tomar la forma de estrategias en el tablero- y con su subjetividad 'puesta en pausa' hace semblante de objeto a -según la enseñanza de Lacan- de manera que se movilice en el sujeto niño, adolescente o adulto el deseo de saber acerca de su malestar.


En el trabajo con niños, el Clínico es invitado por los padres- y muchas veces por el niño mismo- a "actuar" y a influenciar con sus actos la trama de la historia de éste y de su familia; es la puesta en escena de un sujeto supuesto a saber- como un "extra" de la novela familiar- al que se le exige ejercer influencia en la constitución de la historia de un sujeto. Pero la demanda de los padres no es la demanda del niño y del adolescente y el ajedrez como metáfora le permite al Clínico hacer uso de lo simbólico y lo imaginario para ‘escuchar’ y permitir un trabajo analítico haciendo semblante de objeto a. No se trata de ver en la conducta y en el juego del niño un lugar para la interpretación, se trata de ‘escuchar’ el puesto que ocupa la palabra de los padres dentro del mundo fantasmático del niño como también el lugar que ocupa el niño en el fantasma de los padres. (Izaguirre, 1995)

Dylan Evans (1997), en un pequeño artículo en torno al concepto del semblante en la obra lacaniana, advierte que la idea de que las apariencias son engañosas recorre toda su obra. Según el autor, el uso que dá Lacan al término <semblante> es menos técnico que el término <apariencia> según usado en las discusiones filosóficas sobre esencia vs. apariencia, pero adquiere una creciente importancia en su obra con el transcurso de los años. Se trata de un concepto estrechamente relacionado con la oposición filosófica clásica entre la apariencia y la esencia.

La distinción lacaniana entre lo imaginario y lo simbólico también implica esta oposición entre apariencia y esencia. Lo imaginario es el reino de los fenómenos observables que actúan como señuelos, mientras que lo simbólico es el reino de las estructuras subyacentes que no pueden observarse pero sí deducirse.  Esta oposición da forma a toda indagación científica, cuyo presupuesto básico es que el científico tiene que tratar de penetrar, a través de la falsa apariencia, hasta la realidad oculta. De modo análogo, en el psicoanálisis, como en la ciencia, "sólo quien escapa de las falsas apariencias puede lograr la verdad." (Lacan, S7) Pero en las ciencias conjeturales y en el psicoanálisis, siempre se encuentra el problema de que la falsedad de la apariencia puede deberse al engaño.  (Evans, 1997)

Siguiendo lo que nos enseña Lacan, en el trabajo psicoanalítico con niños y adolescentes el Clínico también debe hacer semblante de objeto a. En transferencia con el paciente, debe ser su deseo el provocar y sostener un engaño deliberado que ‘enganche’ al sujeto; el Clínico debe jugar a que juega. Y al jugar ese ‘juego falso’ con el ajedrez como instrumento de trabajo, el Clínico tiene a su disposición 16 figuras simbólicas y un set de reglas a seguir (o a violentar) que darán contexto al texto a desenvolverse mientras se juega.

Aunque enfatizamos en que el Clínico no juega ajedrez para ganar la partida, aveces y en algunos casos es necesario hacer múltiples jaques al Rey del paciente en una misma partida o inclusive culminar una partida en un Jaque-Mate para enganchar al sujeto en la transferencia y promover un cambio de posición subjetiva.  Así fue en el caso de Junior. Cuando peor estuvo su oposicionalidad en la escuela y en el hogar materno, recurrí estratégicamente durante varias sesiones a finalizar las partidas ‘ahogando a su Rey’- fin conocido como Rey ahogado- en vez de acabar el juego con un Jaque Mate. En retrospectiva, entiendo que esa intervención clínica lo ayudó a moverse de la lógica del desafío a la queja neurótica y eventualmente a engancharse en la cadena del deseo.


¿Cómo nos ayuda el ajedrez vis a vis otros juegos de mesa en el trabajo Clínico con niños y adolescentes? Sabemos que los primeros seis a ocho años de la vida son los años en los que se juega todo lo fundamental de la vida del sujeto y hacen posible que se constituya un sujeto con una historia. A esos años olvidados de la infancia Freud los calificó de prehistoria y comparó la prehistoria individual con la prehistoria de la humanidad, la cual se recupera por medio de leyendas y tradiciones. (Abrevaya, 1998) De igual manera, el niño mayor de ocho años y el adolescente, para llenar las lagunas producidas por la amnesia infantil, crea fantasías, las cuales se establecen "por medio de las cosas que fueron escuchadas y que se valorizaron con posterioridad, y así combinan lo vivenciado con lo escuchado, lo pasado (de la historia de los padres y antepasados) con lo visto por uno mismo". (Cita de Freud, en Abrevaya, 1998) Pero a diferencia del trabajo analitico con adultos, un Clínico que trabaja con niños se enfrenta "en tiempo real" al drama donde se despliega - y aún se juega-  todo lo fundamental de la identidad del sujeto niño aún en formación.

Así vemos cómo el ajedrez, con su rico simbolismo y reglas que hacen efecto de estructura imaginaria, permite al sujeto ciertas proyecciones, fantasías y confrontaciones con su fantasma y el de sus padres. Recordemos que el valor del fantasma y del juego infantil son justamente formas de recuperación del objeto. (Izaguirre, 1995). No es casualidad que el ajedrez sea el único juego milenario, el único juego que ha sobrevivido los efectos del tiempo: los significantes particulares del ajedrez permiten que se dramatice - por medio de la metáfora - la novela familiar. En el drama entre El Rey, la Reina o la Dama, los Obispos, los Caballeros, los peones… las figuras se tornan en significantes que se prestan para que se jueguen en el juego los dramas familiares de cada cual.  En el análisis con niños está presente el problema de la dimensión simbólica, del discurso, del significante… es la época del síntoma que ocupa el lugar de la palabra que falta, de la pregunta acerca del lugar del Otro, del deseo del Otro.” (Izaguirre, 1995)

A posteriori, entiendo que en el trabajo con Junior esta cualidad lúdica-simbólica del ajedrez permitió la entrada de este pre-adolescente en el dispositivo analítico, facilitó ubicar su posición en la estructura familiar y atisbar el modo en como se ha entendido con el Otro. En los dos años que llevo trabajando con Junior, hemos jugado 32 partidas de ajedrez, una por sesión y aunque no ha logrado ‘ganar-me’ aún (según él dice) ha podido apalabrar su deseo de lograrlo algún día. Mi deseo es que se mantenga deseándolo, que juegue y fantasee hasta que lo logre; no porque me lo exija como el príncipe consentido que creía ser sino porque se esfuerza, porque desea…


This article is an Intellectual Property of Yarina Méndez, PhD (2015)

Written for: Ponencia para XXXV Coloquio del Taller del Discurso Analítico: La caída de los semblantes. 12 y 13 de junio de 2015. Cuartel de Ballajá, Viejo San Juan.




 

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